miércoles, 11 de febrero de 2015

Reseña: The Paying Guests

En Navidad me regalaron The Paying Guests, el último libro de Sarah Waters, fresquito y aún en inglés. Conseguí acabarlo el pasado lunes. Y estas son mis impresiones:

Pocas veces un libro me deja la sensación que he tenido al acabar The Paying Guests: perplejidad y, tengo que confesarlo, hartazgo.

El corazón dividido


Para mí nos fácil reseñar un libro de Sarah Waters cuando no he quedado contenta. Y es que yo admiro su proyecto literario. Ya tiene mérito posicionarse como una de las autoras inglesas más leídas en Reino Unido (5 best selles y un buen puñado de adaptaciones en la BBC), pero es que el mérito asciende a cotas de heroísmo cuando, además, lo hace con novelas protagonizadas (en  buena parte de su producción) por mujeres lesbianas. Me quito el sombrero. Es mucho lo que le debe la literatura LGTB a Sarah Waters.

Sarah Waters

Como os decía, estoy muy segura de mi estima por Sarah Waters. La admiro como autora (sin más etiquetas). La leería, aunque sus protagonistas fueran todos heterosexuales. Me gusta su consistencia, su manera de armar las novelas, su precisión y su prosa. De hecho, si he de elegir uno de sus libros, como lectora me quedo con El ocupante (que no tiene representación LGTB).

Esta vez, con su sexta novela, regresaba con una historia con contenido homosexual femenino. Una historia ambientada en la Inglaterra de los años veinte. La expectación era máxima.

Sarah Waters se inspira en un caso real que tuvo lugar en Londres en 1920. El caso Thompson-Bywaters (del que no puedo hablar sin destripar la trama). Una época nueva, un desafío diferente. Me frotaba las manos.

Mujeres en los años veinte


Pues bien, entre el momento en que iniciaba la lectura y el momento en que cerré el libro me he visto invadida por un malestar y un agobio que a duras penas podía resistir. Leer The Paying Guests ha sido un suplicio para mí. Un ejercicio continuo de fe. Agotador.

Ya desde el principio, tenía la sensación de que el libro y yo íbamos, por así decirlo, encontrados. La sensación de que luchaba con él, esperando que se acomodara a mis expectativas; que fuera más ágil cuando él se obstinaba en ser denso; que me proporcionara más aventuras cuando se encallaba en un episodio en concreto... Al final, me temo, hemos acabados cansados el uno del otro. Una mala experiencia, en definitiva.

Cuando el decorado lo es todo


Intento comprender qué es lo que me ha pasado con el libro, por qué se me ha hecho tan insufrible, especialmente teniendo en cuenta que trata temas que me interesan y que creo tener la sensibilidad necesaria para apreciar esta obra. Aquí va una posible causa: es un libro muy leeento. Supongo que es un efecto pretendido. Sarah Waters tiene un estilo descriptivo y minucioso. A veces haciendo un guiño a las novelas de Dickens, donde el retrato de Londres es fundamental. Este efecto, sin embargo, no molesta en su trilogía victoriana. El lustre de la Perla, por ejemplo, es una novela de iniciación que no te permite aburrirte. No sucede lo mismo aquí. El gran referente de fondo es esta vez Ana Karenina. Y veo que hay un trabajo de acumulación de detalles, de espacios que oprimen,  pero, a diferencia de lo que sucede con clásico de Tolstoi, este se hace muy monótono.

Una de las bazas de Sara Waters es su trabajo de recreación de épocas pasadas. Aquí nos traslada al Londres de 1922. Nos ofrece el retrato de una sociedad que está recuperándose de los efectos de la terrible Primera Guerra Mundial. Las secuelas son económicas y morales. En el centro de la historia nos encontramos con una familia, una madre y su hija de veintiséis años, que se han quedado solas (dos hijos jóvenes muertos en la guerra, un padre fallecido) y que pierden su posición económica. Recuerda esto al caso de El ocupante. Madre e hija tratando de sobrevivir tras perder sus privilegios. Para hacer frente a la situación, deciden -pese al sentimiento de pérdida- alquilar parte de la casa. Y es  la llegada de los nuevos huéspedes -el joven matrimonio Barber- la que dispara toda la acción. Como decía, el trabajo de recreación de la época y las reflexiones que aporta la galesa son muy buenos. Apuntaré dos ejemplos que me han gustado: el sentimiento de vacío moral tras la guerra, reflejado la pérdida inútil de los jóvenes y en el sentimiento de los hombres que vuelven de la guerra. Estos excombatientes no son asimilados. Por el contrario, se encuentran de vuelta en un país que no les devuelve el esfuerzo tras la traumática experiencia de la guerra. Sin empleo, deben luchar para volver a encontrar su sitio. 

Por otro lado, la situación de una mujer  tampoco es fácil (aquí se plantean temas como la dependencia económica de las mujeres; el feminismo incipiente; el aborto, la libertad sexual, etc) y no es fácil especialmente para la mujer homosexual. En una palabra, comprobamos cómo el entorno condiciona a los personajes. Los condiciona, pero no  los ahoga. De hecho, también tenemos el ejemplo positivo de Chris, que, a pesar de los obstáculos, trabaja y vive con su novia en un piso. Y eso es posible porque los años veinte también son una época de apertura y cambio. Sin embargo, Frances es una mujer atrapada en sus creencias y su educación (capaz de renunciar a su deseo y su libertad por hacer lo correcto). En el mismo sentido que El ocupante, Frances es prisionera de su sentido del deber hacia su madre. 

El Ocupante, una de mis preferidas


Como digo, el libro retrata bien la época y además, consigue que empaticemos con ella, porque nos habla también de problemas que se dan en esta época de crisis que  estamos pasando en Europa. 

No puedo pasar por alto el símbolo de la casa como prisión. Sarah Waters nos brinda el retrato de la mujer encerrada en el hogar y además en un hogar que se vuelve tétrico y decadente. Un símbolo de estatus que acaba siendo una losa sobre los personajes.
Es muy interesante y valioso, además,  el trabajo que hace de homenajear la prosa femenina desde la esfera del hogar. Ahí tiene sentido el detalle, el vocabulario, las tareas que se vuelven obligación y castigo. 

Sin embargo, por muy bien que esté una obra ambientada, por mucho que nos haga sentir la época, lo importante, a mi juicio, es conectar con los personajes. Y aquí veo otro gran escollo del libro. Yo no he conseguido engancharme a ellos. El libro está narrado en tercera persona con punto de vista limitado a Frances, la protagonista. Es a través de sus ojos que entendemos toda la acción. Y es a través de sus ojos que conocemos a Lilian Barber. Sin embargo, Lilian es un personaje diluido y que yo no he llegado a entender. (para mí es alguien que se pasa el libro diciendo " I'm sorry, Frances".)  La madre de Frances también es una figura borrosa (que recuerda demasiado a la de El Ocupante) y , si tal vez en su caso puede ser metáfora del estado de sonambulismo en que vivía la generación pre-guerra Mundial, ya no cuela con otros personajes. Por ejemplo, Leonard (el rival amoroso), mucho más vital y jovial, es bastante antipático desde el principio. No le veo matices.

Una historia que cambia de trayectoria


A continuación hay spoilers.

El libro cuenta la historia de amor de Frances y Lilian, mujer casada (esto es novedoso en las historias de Waters). Pero lo que empieza como un romance clandestino, que nos hace preguntarnos, ¿cómo van a ser capaces estas dos mujeres de vivir este amor y librarse de ataduras y convencionalismos? Esto (a lo que ha costado muuuchas páginas llegar), pronto da un giro inesperado que lleva el libro por otros derroteros. 
En una discusión con Leonard -marido de Lilian-, en la que también se ve envuelta Frances, Lilian  golpea a Len con un cenicero y el golpe resulta fatal.  Leonard muere. Aterradas, Frances y Llilian llevan el cadáver de Leonard a la calle para hacerlo pasar por accidente. A  partir de ahí, la policía lo descubre y empiezan las pesquisas. Tenemos ya otro libro y otra pregunta: ¿Cómo van a salir de esta Lilian y Frances?, ¿las descubrirán?

Aquí, Sarah Waters nos plantea temas muy interesantes. Por ejemplo, ¿cuánto puede durar el amor cuando se pone a prueba con circunstancias duras? También reflexiona sobre el absurdo de la muerte de Leonard, en una historia en la que todos los personajes esconden traiciones y secretos (y en las que nos muestra la hipocresía de nuestros acuerdos sociales). El matrimonio y el adulterio en el ojo del huracán.

Lejos de reforzarse, la relación de Frances y Llilian se deteriora y aniquila por los nuevos giros. Además, con su secreto destruyéndolas, sucede algo más. La policía detienen a un chico inocente (un chaval que era el novio de la chica con la que Leonard se veía a escondidas!). Pero, ¿serán capaces nuestras chicas de dejar que un inocente cargue con la culpa para salvar su pellejo? Tenemos todo el proceso judicial para comprobar la pasividad y el miedo de ambas. Todo sensaciones muy humanas que descubren la talla moral de los personajes. Finalmente, el chico se salva gracias al testimonio de un excombatiente que es vecino suyo y puede apoyar su coartada ( a pesar de que supone perder su empleo). Esto está lleno de simbolismo. Nos ofrece Waters una lección. Es este hombre, paria social, el más honrado y decente de todos los personajes.

El libro que me ha llevado de cabeza


El libro pues nos lleva de frustración en frustración, al menos en lo que se refiere a la relación sentimental entre las protagonistas. En este sentido, se parece a Afinidad, salvo que aquél, amargo también y cruel, a mí me encantó. 

The Paying Guests también me ha recordado a un libro que leí recientemente. En el momento equivocado, de Louise Doughty. Se plantean temas comunes: la idealización del amor clandestino; la infidelidad y la traición y la puesta a prueba del amor por un terrible episodio. Y de nuevo, aquel libro me impresionó y me fascinó. Este no.

Supongo que, analizando todo en conjunto, a pesar de los elementos a favor; a pesar de mis ganas; The Paying Guests es un libro aburrido. Así de simple, Tal vez, con la mitad de extensión, mejoraría. Al menos, no te arrancaría suspiros de exasperación.

En alguna entrevista a Sarah Waters he leído que este libro le costó mucho trabajo. Escribió muchos borradores y se sintió perdida en muchas ocasiones. Lo que yo decía antes, para mí también ha sido una lucha leerlo.

En fin,  no siempre  un autor te da buenas obras (o, dicho de una manera más justa, no siempre una sabe apreciarlas). Espero que el siguiente me guste más.

Pese a todo, le deseo mucho éxito a Sarah Waters con el libro, ya que sus éxitos son los nuestros. En poco más de un mes sabremos si The Paying Guests va nominado al Man Booker International Prize.

¿Alguien tiene una opinión del libro?



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